sábado, 20 de diciembre de 2014

Evangelio Domingo 21 Diciembre- Comentario



María es modelo, acepta y acoge. Cree en la palabra del ángel y hace así posible la cercanía de Dios entre nosotros, en la calidez de su  vientre, toda la humanidad recibe al Señor como huésped. María, que abre en la fe su seno a la acción del Espíritu es, el símbolo de la nueva comunidad (Madre de la Iglesia). Dios sólo necesita nuestro sí, como el de María; un sí activo, consciente, comprometido: “Hágase en mí según tu palabra”, para que este Adviento florezca en Navidad. Él, está presente, tiene su casa, en la fe de los que reciben al Niño y le hacen un sitio en sus alegrías y tristezas, en sus gozos y penas. Lo original del cristianismo es
que el hombre no necesita abandonar la tierra para llegar a Dios, lo divino se humaniza, en nuestra debilidad y en la pequeñez de María, halla cabida el soplo del Espíritu de la vida.
Al finalizar este tiempo de Adviento, es la propia María quien nos entregará al Niño salido de su seno, pero además nos indicará el camino de la fe para acogerlo y la manera que todos tenemos de dar a luz a Jesús en nosotros. Desde su actitud de escucha a la Palabra de Dios, que implica un silencio interior, vaciarse de sí mismos, eliminar muchos ruidos, (¡cuántos estos días!, como si tuviéramos que buscar fuera lo que no tenemos dentro), que distorsionan o interfieren el mensaje. Estando abiertos al Espíritu, María, a pesar de que no entendía lo que iba a suceder, se dejo llevar por el Espíritu hasta el pie de la cruz, no le faltó el espíritu profético en el Magníficat y el ánimo que da ese viento y ese fuego. Lanzada a servir: “Aquí está la esclava del Señor”, recorrerá un largo camino para atender a su prima Isabel, es que Dios quiere ser servido en sus hermanos más necesitados y se produce la gran paradoja siendo esclava sé libera y libera.
(...)
Julio César Rioja, cmf

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