María cree en ti, aunque tú mismo, a veces, no lo hagas. Agárrate de su mano y escucha como te dice: aunque los demás no, yo sí.
María cree en ti, aunque tú mismo, a veces, no lo hagas. Agárrate de su mano y escucha como te dice: aunque los demás no, yo sí.
La envidia tiene una doble raíz: no contentarnos con lo que somos y tenemos, no saber valorarlo, disfrutarlo, aceptarnos, querernos y, por otro lado, no ver los bienes de los demás como motivos para nuestra alegría, no ser capaces de alegrarnos por el bien del otro.
¿Cómo puede ayudarnos la oración? Si rezo me acerco a Dios que es amor, que me enseña a amar al prójimo y a amarme a mi mismo. La envidia se vence con amor, se vence con descubrir la verdad de quién soy y quién es el otro. Y esa verdad sólo se descubre amando.
El impostor de la envidia te dice que no tienes lo que necesitas y no puedes tenerlo, que es mejor lo de los demás. Y te empuja a no quererlos porque los ves más felices o mejores que tú. Pero si le das la vuelta… Si ves la cantidad de cosas para dar gracias que hay en tu vida, si ves los bienes de los demás como una oportunidad para estar agradecido.
Y si descubro que todo un Dios quiere ser mi amigo, que le puedo llamar Padre, que en Jesús muere por mí y resucitó para darme vida… que me ama ¿cómo no voy a estar agradecido? ¿cómo sentir envidia si ya tengo todo?
El ayuno parece una cosa completamente pasada de moda e innecesaria. ¿Cómo entender esta práctica que la Iglesia nos aconseja? En primer lugar, comprendiendo que no es un chantaje. “Yo ayuno y así soy más bueno y sacrificado. Dios me va a hacer más caso”. El ayuno tiene el significado de vencerse a uno mismo, de decirte incluso físicamente que Dios (y vivir como él enseña por tanto, la fe, la esperanza, el amor) tienen que ser más importantes que lo que necesitas o te apetece. Algún santo explica que sirve para decirte a ti mismo que hay que sentir hambre de Dios hasta físicamente. En algunas casas, lo que se ahorra con el ayuno o la abstinencia se iba ahorrando para dárselo a los pobres.
¿Qué queremos enseñarle a los alumnos? Precisamente la idea de fondo del ayuno: elegir el bien, elegir la verdad, elegir lo que cuesta y requiere sacrificio. Entonces, ¿si ayunamos de contar mentiras? Vencemos al impostor de la mentira que promete sacarnos de líos y nos pone buena cara pero cuando mentimos nos encierra en una doble vida, o en buscar intereses, o en aparentar…
A veces asociamos la limosna a algo material, pero tenemos que ir más allá. Es verdad que “rascar el bolsillo” implica compromiso y sacrificio. Pero quizás resulte más interesante descubrir que dar limosna también es dar lo que somos y tenemos. Dar nuestro tiempo, nuestra ayuda, nuestro cariño, nuestro esfuerzo... Y, además, no porque nos sobre, sino porque el otro necesita de nosotros.
Seguro que muchos habéis experimentado alguna situación como esta: estáis cargados de cosas, de trabajo, exámenes que corregir, reuniones que preparar… Pero, os piden un favor que os llevará parte de vuestro tiempo y ¿cómo vas a decir que no? ¡Te necesitan! Así que, dejas lo tuyo para hacer el favor que te han pedido. Y eso es hacer limosna.
El mejor modelo lo tenemos en Jesús. En muchos pasajes del Evangelio nos muestra como Él no descansaba por ayudar y sanar a la gente que acudía a él. En los momentos que se iba a descansar con sus discípulos, podemos leer que había multitudes esperándolo. Y Jesús olvida su descanso, su interés, sus necesidades y se vuelca en aquellos que le buscan. “Les enseña con calma”, no de mala gana, con resignación o porque es lo que toca.
¿Estamos dispuestos en esta cuaresma a vencer nuestra pereza y acudir en ayuda de quién nos necesita?
En nuestro reloj de arena colocaremos las acciones que hemos hecho durante la semana para vencer al impostor de la pereza.
La cuaresma es un tiempo muy especial, 40 días que la Iglesia nos regala para poder cambiar, para convertirnos. A veces asociamos este tiempo a la tristeza o la pena. Pero no es así. Podemos pensar que la vida sin Dios es como una habitación sin luz, ¿podrías ver algo? En cuaresma queremos acercarnos a Jesús que es la luz. Y al encenderlo podemos descubrir lo que hay en nuestra habitación interior y cambiar aquello que nos hace daño y nos impide ser felices. No sólo eso, podremos ver también con más claridad fuera de nosotros.
Este año, nos ayudará el juego de AMONG US.
Hoy celebramos el día de la vida consagrada.
Rezamos por tantos hermanos y hermanas que han entregado su vida a Dios desde la vocación consagrada. Ellos están dedicados a Dios, pertenecen a Él, desean vivir guiados sólo por Él. No realizan su proyecto, sino el de Dios.